Reinas absolutas de las mesas de verano (con permiso de los gazpachos y cremas frias) las ensaladas se convierten en una ‘apuesta segura’ a la hora de confeccionar nuestros menús durante los meses de más calor. Y es que, aunque en invierno también nos encantan, este tipo de recetas resultan especialmente indicadas para ayudarnos a sobrellevar mejor los rigores del termómetro en esta época del año. Otra de sus ventajas es su inmensa versatilidad: casi existen tantos tipos de ensaladas como cocineros las preparen.
Y aunque es cierto que la ‘ensalada perfecta’ siempre dependerá del gusto de cada cual, también lo es que si seguimos una serie de pautas, será más sencillo obtener buenos resultados.
-Al preparar una ensalada el primer punto a tener en cuenta será siempre la higiene: es importante lavar las verduras de forma impecable para así evitar posibles intoxicaciones posteriores.
-Si cortas la lechuga con las manos (en lugar de con un cuchillo) evitarás su oxidación.
-Hoy en día tenemos a nuestro alcance un gran número de verduras de hoja verde. Resulta muy interesante combinar varias en una misma ensalada, ya que cada una aporta un sabor, textura y nutrientes diferentes. Las hay dulces y suaves como la lechuga Boston. También están las crujientes, como la Romana o la Orejona; verduras amargas, como la endibia, espinaca, radicchio o la escarola; o las especiadas, como la rúcula o los berros.
-El aderezoes tan importante como la ensalada misma, por ello éste debe ser elegido cuidadosamente; esto es, si, por ejemplo lleva quesos fuertes, el aderezo debe ser intenso también. Si lleva frutas, el aderezo deberá ser más ligero y con un toque dulce.
-Si lleva pepino prueba a aliñarlo con limón o salsa de yogur como sustitutos del vinagre y aceite. ¡El resultado te encantará!
-La proporción de una vinagreta es: por un tanto de vinagre, dos de aceite. Recuerda que la intensidad del sabor de la vinagreta o de la salsa usada debe realzar el sabor de los ingredientes, no opacarlos.
-La ensalada se adereza justo en el momento de servir. Si no, el aliño estropearía la tersura y textura de los vegetales.